Tres semanas de invierno compartí tu viaje.
Veintiún amaneceres incoloros
que luchaban por robarle
el azul a tus ojos.
Veintiuna noches congeladas,
detenidas en el tiempo.
Y una espina que ha herido,
cual cirujano con tiento,
mi interior aterido.
Tu ausencia supura.
¿Por qué no me arrancaste esa espina?
¿Nadie más la merece?
¿Tal vez por estar de mi sangre teñida,
me pertenece eternamente?
Tres semanas, una vida.
Tres semanas, un camino.
Un viaje que compartí contigo.