Creo que quiero irme,
no sé hacia dónde,
solo lejos
de este ruido que ya no suena
y de estas paredes
que aprendieron mi cansancio.
El alrededor esboza fatiga,
como si el mundo también bostezara
antes de volver a comenzar.
Mi caminata se transforma cansada,
cada paso pesa
como una pregunta
que ya no quiero contestar.
Estudiar no me importa.
Las páginas pasan,
las palabras se quedan quietas,
y yo miro el reloj
como quien espera
que algo termine
sin saber qué.
¿Ser algo?
Capaz.
Capaz mañana.
Capaz cuando encuentre
una versión de mí
que todavía tenga ganas.
Por ahora
solo quiero sentarme
en medio de este día
y dejar que el silencio
me diga
que no siempre hay que saber
hacia dónde ir.
Quizá irse
no sea desaparecer.
Quizá sea
caminar despacio
hasta volver a encontrarse.