¿Qué habita en mi cuerpo que rehúye
a ser feliz y estar en paz?
¿Será mi mente que se obsesiona
o mi corazón por sentir de más?
Sobrepienso, y con insomnio me debo levantar
a seguir el día a día como todos los demás.
Sorbiendo en cada respiro y en cada suspirar,
la esperanza que flota y llega de algún lugar.
Aún con ilusiones cansadas y emociones por caer.
Me levanto, vivo y vuelvo...
¿Cuántas veces? Ni yo sé.
Cada hoja siento que la dejo en blanco una y otra vez,
porque mi historia es triste
al derecho y al revés.
Y no creo que exagere, ni pretendo que comprendan:
cada quien carga su cruz y su propio sufrimiento.
Aunque unos sientan menos y hallen alivio lento,
Al final somos iguales: dolores llevamos dentro.