Hay una metáfora en la casa
que se siente en los muebles
y en los jardines del patio.
Se asoma a la ventana
y canta.
Una metáfora dulce
que se aferra a los techos
y se hace fuerte,
para que no se rompan
los cuencos.
Y que cuida la casa
para que nadie
llore.
L.G.