JordiCris ✍️
Autorretrato: tratado polimétrico sobre mi genialidad (sin falsa modestia)
AVISO A NAVEGANTES: Esto es un poema polimétrico, es decir, largo, está en la categoría de poesía extensa, hay que leer . Veréis que el poema tiene cierta estética además de honesta ética humorística para hacerlo más ameno.
Lo prometido es deuda así que aquí va:
Escribo:
No porque el cielo me haya elegido,
ni porque una música secreta
me dicte al oído
las palabras que debo decir.
La modestia, es como bien sabéis,
una virtud menor,
pero muy apreciada
entre quienes carecen de méritos.
Yo, en cambio, he estudiado
he leído a los griegos,
a los latinos, a los rusos,
a los franceses, a los muertos
y a los insoportables;
esos a los que todo el mundo cita
sin haberlos terminado.
Así que escribo; y escribo:
porque estudié las formas,
porque conozco el peso de una palabra,
la arquitectura del silencio,
la respiración del verso,
la eficacia de un encabalgamiento
cuando conviene disimular
que no hay nada que encaballar
Conozco la métrica, la retórica,
el símbolo, la alegoría, la ironía,
la elipsis, el oxímoron y la anáfora
y esa maravillosa costumbre
de llamar “intertextualidad”
a haber leído dos libros
que hablan de otro.
He aprendido
dónde respirar en un verso,
dónde cortar una frase,
cómo fabricar una imagen,
o a dejar una palabra ligeramente desnuda
para que el lector tenga la impresión
de haber descubierto algo.
Sé parecer profundo. Esto último es importante.
He recorrido mil bibliotecas
con la disciplina del cartógrafo,
he subrayado a los muertos,
he interrogado a los vivos,
he aprendido sus trucos,
sus ritmos y pequeñas trampas de belleza.
Conozco la sinestesia, la anáfora,
la elipsis, la paradoja, la hipálage
y otras maneras elegantes
de llamar a las cosas
para que parezcan más importantes;
y yo, más heterodoxo e intelectual.
Tengo títulos. Tengo formación.
Tengo una cultura que,
¡si fuera talento!
Me convertiría en genio.
Pero no lo soy.
Y esto es lo verdaderamente incómodo:
No negaré que me falta algo.
Un detalle insignificante.
Una pequeñez.
Un inconveniente
que no merece, en absoluto,
que hagamos de él una tragedia.
¡Coño, me falta talento!
Sí. Lo tengo comprobado
y no una sola vez. Muchas…
Lo sé porque he leído
a quienes lo tienen.
Y después me he leído a mí,
la diferencia resulta evidente.
En ellos ocurre algo mágico,
en mí ocurren procedimientos.
Ellos escriben y parece
que la lengua la hubieran inventado.
Yo escribo y la lengua
parece haber pasado
por un curso intensivo.
Ellos descubren. Yo aplico.
Ellos arden. Yo enseño
explicando la combustión.
No una carencia absoluta,
no soy un analfabeto de la belleza;
sé reconocerla cuando la veo,
imagino o se me aparece.
El problema es otro,
es que reconozco mejor la belleza
de lo que puedo producirla.
Puedo explicar un poema
hasta dejarlo sin misterio,
puedo señalar su nervio,
su música, su ritmo
y su mecanismo secreto.
Pero, cuando me toca escribir,
el mecanismo funciona porque
la sapiencia despierta,
pero el milagro no. Me toca trabajar.
Alguien, después de leerme
pronuncia una palabra de halago
con una solemnidad que me obliga
a mirar alrededor para comprobar si soy yo.
¿Soy un fraude, quizá?
Puede, pero un fraude culto
y perseverante, trabajador
que ha tardado
más de cinco mil poemas en llegar aquí
Casi un impostor con excelente bibliografía.
Un mediocre de sobresalientes con notas al pie.
Un hombre sin genio
que conoce perfectamente
la anatomía del genio
porque ha aprendido
a caminar con ella y alrededor de ella.
Y, francamente, si lo pienso
¿no hay algo admirable
en semejante hazaña?
Porque mientras otros
necesitaron nacer con talento
para convertirse en poetas,
yo necesité: tiempo, curiosidad,
ambición, formación,
lecturas, mucha cultura,
técnica y paciencia
Sacar al profesional y su saber
en estrategia, dicción, conocimiento
y usar esa gran dosis de seguridad
e indecente autoestima.
Así que leo los comentarios
y es cuando debo contenerme
y bajar modestamente la mirada.
Aunque reconozco que,
a veces sonrío.
También tengo mi ego.
Y me digo:
—No sé si merezco tanto.
Y mi voz interna me dice:
¡Naturalmente que lo mereces!
El elogio, no. No el elogio.
Eso sería absurdo.
Pero sí mereces reconocimiento
a tu conocimiento y al trabajo
y no el espectáculo del elogio.
Y yo, que sé perfectamente
cuánto talento me falta,
me subo al escenario,
recibo el aplauso agradecido
y algo avergonzado
(ya he dicho que tengo ego)
e inclino la cabeza pensando:
¡Qué extraordinario poeta
debo de ser para que nadie
haya notado que no lo soy!
Después vuelvo a casa.
Hablo con mi mujer
¡Qué va a decir ella que me admira!
¡Te lo mereces mi amor!
Eres el hombre más inteligente
Y trabajador que conozco.
Estoy de acuerdo, soy trabajador.
Abro un libro de alguien realmente grande.
Leo tres páginas. Me quedo en silencio.
Y durante unos minutos
—los únicos sinceros de la noche—
recuerdo quién soy y quién es él.
No soy nadie a su lado,
a lo sumo un aprendiz de poeta.
Entonces cierro el libro.
Tomo la pluma. Y escribo:
“Tratado polimétrico sobre mi genialidad”
Sonrío. Me voy a dormir.
Mañana empezaré a escribirlo.
Pondré el método en marcha,
las anotaciones con ideas vagas,
las que intuyo profundas,
las que escribo honestamente,
las que leo y releo para cambiar una y otra vez.
Y, por fin, sin público,
sin premios, sin críticos, sin aplausos,
volveré a escribir y a rescribir sin ruido
a gusto, con mi café al lado...
Y escribiré: No por talento.
Por terquedad. Por conocimiento,
pero, sobre todo, por amor y con amor
que es como mejor escribo.
Y, porque, muchas veces,
incluso un hombre sin don
puede pasar toda una vida
persiguiendo el lugar exacto
donde la técnica
por una fracción de segundo
se parece a eso, al talento ausente.
Y aquí lo tenéis,
tres días de trabajo después.
Y yo:
Abierto a leeros y a exponerme
tras esta declaración confesa
de culpabilidad
dispuesto a aceptar todas las sentencias
con total entrega y humildad, pero…
¡Sin falsa modestia!
Qué como os he dicho:
Ando falto de talento,
pero no de conocimiento
y la modestia, es como bien sabéis,
una \"virtud menor, pero muy apreciada
entre quienes carecen de méritos\",
Y yo alguno tengo,
y hasta de “mes en cuando, los luzco”
Creo que hoy es el día.
PD: \"Dedicado a todos mis amigos y el universo de \"Poemas del alma\" porque aquellos que estáis; además de por otras motivaciones, ensalzando las letras, la poesía, la cultura, la belleza en un mundo lleno de odios y prejuicios no merecéis menos que le reconocimiento por intentar encender luces entre tanta obscuridad\". Y ahora y una vez más permitirme una pequeña licencia, como siempre y especialmente a ti, Tuñy Barcala, mi estrella del norte, mi palanca y motivación.
CRISPÍN
Mi poesía
Poema Nº137
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