Fuego en las Manos
Camino a ciegas por tu callejón,
buscando el rastro que dejó tu paso.
Llevo grabado en el corazón
la sombra dulce de tu último abrazo.
No hay razón ni ley que me haga entender
cómo este pecho se llena de ti,
si apenas con mirarme una sola vez
cambiaste la suerte que yo elegí.
Y no me importa si el mundo aconseja,
si dicen que esto es una locura más...
Mi vida es la nave que el viento aconseja
y tu boca es el puerto donde quiero parar.
Porque soy un loco que no pide perdón,
que quema las naves por verte un segundo.
Si tú me miras, se para el reloj,
y poco me importa la prisa del mundo.
Dame tu mano y vamos a saltar,
que si me caigo, me caigo contigo,
que prefiero mil veces haberme echado a volar
que vivir a oscuras sin tener tu castigo.
Te llevo dentro como un vendaval,
como un rasgueo que suena en la noche.
No existe distancia que pueda apagar
este fuego mío que no admite reproche.
Si me das la vida, te entrego la voz;
si me das el miedo, lo vuelvo valor.
Que no vengan a apagar esta llama,
que no traigan agua para mi sed,
que si el amor es esta tormenta,
yo quiero que llueva una y otra vez...
Porque soy un loco que no pide perdón,
que quema las naves por verte un segundo.
Si tú me miras, se para el reloj,
y poco me importa la prisa del mundo.
Dame tu mano y vamos a saltar,
que si me caigo, me caigo contigo,
que prefiero mil veces haberme echado a volar
que vivir a oscuras sin tener tu castigo.
Un loco nada más...
Por tus besos, un loco.
Si esto es perder la cabeza,
prefiero no recuperarla jamás.
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Autobiografía en Verso Mayor
Soy bueno, soy sabio, soy luz que camina,
lo digo en mis versos: el verso no miente.
Me nombro filántropo, me unjo filósofo,
me corono progresista sin que nadie vote.
No tiendo una mano, describo el abrazo;
no doy pan al pobre: le escribo un milagro.
Me basta el adjetivo, ya viene con halo,
y hasta mi modestia se anuncia en mayúsculas.
Si alguien me pregunta: «¿Dónde está el hombre?»,
levanto la pluma, solemne y seguro:
«No busques tan lejos,
yo soy el futuro».
He escrito mi nombre
con tinta de aurora,
me hice una estatua
antes de estar muerto.
Y cuando termino mi autorretrato,
me miro en el espejo, satisfecho y sereno:
—Qué humilde he sido.
(Amén.
Un servidor
se lo firma a sí mismo.)
Autor: El Feligres