¿Qué haces?, ¿por qué vuelves ahí?
No sabes lo que quieres,
buscas detrás de ti,
corriendo de espaldas
hacia la sombra que te persigue.
Allá va otra bala perdida,
mas leña para mi hoguera
de siliente locura.
¡No está ahí!
¡No es para ti!
No sé si habla el verdugo,
o el ruiseñor,
o si es el miedo
disfrazado de pastor.
Mientras la conciencia
deambula distraída,
me escondo en mis zapatos
a ver si no me pilla.
Guardo secretos
que pesan más que el plomo,
se me revuelcan en las tripas,
y me miran de frente.
Cava más profundo
y entiérralos bien,
que no me lleguen sus voces,
que no los sienta en la piel.