Se me eclipsó el corazón
cuando la tarde moría
y una luna sin consuelo
sobre mi pecho se hundía.
Se quedó la noche a solas
con la sombra de mi vida
y entre silencios de plata
tu recuerdo amanecía.
No fue la luna culpable
ni fue culpable la brisa
fue el amor que, poco a poco
se quedó sin luz ni guía.
Como un lucero perdido
que por la noche suspira
mi corazón, sin estrellas
buscó tu voz todavía.
Pasaron lentas las horas
se deshojaron los días
y el cielo cubrió de sombras
lo que tu boca encendía.
Pero debajo del eclipse
donde la esperanza dormía
quedó una brasa escondida
que por tu nombre latía.
Y cuando vuelva la aurora
con su corona encendida
se apartará lentamente
la sombra que me cubría.
Porque ningún eclipse dura
lo que dura una herida:
si el amor guarda una estrella
siempre regresa la vida!
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