José Luis Barrientos León

Imaginando mundos intocables

 

Miro el agua correr y veo que el agua simplemente corre.

La corriente avanza hacia donde debe ir,

mientras la luz blanca de la noche se apaga en el cielo.

No hay misterio en esto; las cosas suceden porque existen.

 

Me dices que hay un lugar al que los hombres no llegan,

pero yo sé que el único sitio real es el que pisan nuestros pies.

Allí, las flores brotan en los árboles sin pensar en el amor,

y los pájaros construyen con pajas porque el día es tibio,

cantando un canto que no tiene palabras, solo existencia.

 

Tú me miras con ojos que reflejan la luz del sol,

y tus manos se mueven con la prisa de quien descubre el mundo.

Dices que imaginas mundos que no se pueden tocar,

pero al mirarte jugar en la hierba limpia,

no necesito recordar los días en que yo era joven.

Verte ser joven ahora es suficiente para mí.

 

Eres pequeña, un ser que ocupa un espacio bajo el cielo.

Te llamo por tu nombre sin inventar metáforas,

porque llamarte por lo que eres es la forma más alta de quererte.

No te sueño porque el sueño es una forma de no verte espero aquí, sentado al sol,

escuchando el ruido del viento que es la única canción verdadera.