Sheilo Sanz

HISTORIA ( 7 )

●●HISTORIA  ( 7 )

UN MUSICO EN LA EDAD MEDIEVAL.


En esta vida soy hombre,  y nací en una aldea de agricultores.  Donde desde niño aprendi a tocar la lira o un instrumento como ella.  Un instrumento no tan grande de varias cuerdas,  una especie de arpa pequeña,  con marco arqueado en ambos lados y varias cuerdas finas de algún material  sensible al sonido.
Mi maestro fue mi abuelo,  quien la tocaba en sus momentos de descanso,  después de su arduo trabajo de cultivo de hortalizas verdes,  legumbres y verduras.
Y aunque yo debía trabajar también la agricultura con mi padre y mi abuelo.  No deje de apasionarme  con este instrumento,  que vibraba en mis manos y resonaba en mi mente.

Mi padre orgulloso de mi talento,  me llevaba con mi abuelo a lugares de reunión religiosa y mercados,  donde mi abuelo y yo tocamos música para alegrar el ambiente.
Así me fui haciendo adulto,  y no dejaba de tocar mi música en cada  lugar donde andaba, durante los fines de semana.
Donde trataba de compartir con la comunidad, como un chico joven de esa época,  me fuí haciendo popular y me invitaban como músico a reuniones familiares,  donde celebraban eventos familiares o logros de cosecha.

Un buen día fuí contratado para una especie de taberna,  donde se reunían soldados y gente del gobierno,  militares y gladiadores.  Era un ambiente rudo de mucho vino.
Con lamparas de fuego,  mesas largas y rusticas,  pero les gustaba mi musica.
El dueño de la taberna me había visto muchas veces en el mercado del pueblo,  donde entonaba mi música.
Y se me acerco un día para invitarme a su taberna a ensayar mi talento allí.
Emocionado acepte para el siguiente fin de semana,  era una oportunidad muy buena.  Aunque mi padre se mostraba incredulo,  mi abuelo me apoyo,   mientras yo me ilusionaba con mucha emoción.
Aunque era un muchacho de 22 años,  y me faltaba valentia para enfrentarme ante un publico más exigente.  Decidí que lo haría. 

Me arme de coraje y decisión y me presente a mi primer ensayo.  Sentí  el ambiente muy rudo y critico,  donde muchos me observaban y esperaban mi actuación,  cuando fuí presentado.
Me temblaba un poco el pulso,  pero tome con más firmeza mi instrumento,  miré más fijamente mi pequeña arpa... y comencé mi entonación,  mientras todos observaban.  Toque música durante varias horas esa noche,  y me disponía a irme,  cuando el dueño de la taberna me dijo que volviera para la noche siguiente.
Volví al día siguiente y el dueño me esperaba,  y me propuso que diera mi servicio por un mes.  Y si para ese tiempo era completamente aceptado,  me quedaba a trabajar allí de manera fija.  Esto me emociono,  era una oportunidad que deseaba.

Seguí con mi actuación musical mientras veía los rostros suavizarse al oir mi música.
Al terminar el mes de prueba,  fuí contratado para quedarme como músico permanente.  Y aunque habían otros músicos ya más viejos,  fuí aceptado.  Y yo con mucho respeto fuí agradecido de la oportunidad.
Paso el tiempo y fuí mejorando mi actuación,  mientras recibía ayuda y orientación de los músicos de más experiencia,  haciendo buena amistad con ellos,  y agradeciendo su aprecio y buena intención,  me mostraba humilde y cooperativo con ellos.

Un buen día hubo un personaje del gobierno que tenía tiempo observando mi actuación musical,  me propuso tocar en el castillo,   solo tenía que demostrar lo bien que tocaba la lira al rey.
Y él decidiría si era bueno para tocar en sus espacios del castillo.

Teina unos 30 años cuando fuí llevado al castillo como posible musico particular.
Era un maximo honor tocar mi música y servir a la corona.
El día que fuí presentado al rey,  temblaba de emoción y me mostraba humilde,  siguiendo lo que él me indicaba.

El rey me observo mientras yo sujetaba mi lira contra mi pecho. Él hizo un ademán con la mano,  y el servidor que me acompañaba,  me indico que tocara música para el rey.
Yo comencé mi actuación y el rey me miraba fijamente.  Al terminar mi primera pieza,  el volvió a levantar la mano haciendo otro ademán igual,  yo mire al servidor y este me asintió con gesto de cabeza,  yo entendí que debía seguir con la demostración.  Esto se repitió unas cinco veces y luego él nos indico retirarnos con otro gesto de la mano,  diciendo que fuera con su subalterno inmediato.  Luego de esto hicimos una reverencia y salimos de allí.

El servidor me llevo por un pasillo largo,  y al final de este había una puerta de madera maciza,  el servidor toco,  mientras fué invitado a entrar,  y me dijo que esperará ahí.
Yo lo esperé,  luego él salió y detrás salió un hombre un poco delgado y no tan alto.  Me observo y me dijo que esperará,  yo me incline hacia la pared como hizo el servidor,  El señor camino por el mismo pasillo,  hasta los aposentos del rey.  Nosotros esperamos en silencio,  yo seguía sujetando mi lira que envolvía en un paño de tela suave,  y de color blanco, contra mi cuerpo.

Después de un momento largo y eterno,  regreso el señor, me sonrió y me dijo que pasara a la habitación,  un lugar un poco amplio,  con una mesa llena de pliegos de papel y figuras simbolicas. Con muchas antorchas alrededor,  era un area de trabajo administrativo.  Me mantuve erguido mientras esperaba que él hablara.  Me dijo entonces,  que el rey me aceptaba como servidor musical del castillo,  pero debía demostrar la capacidad de mi servicio durante tres meses,  para considerar un puesto fijo y permanente.
Me asignaron convivir en el area de los músicos y permanecer disponible siempre.
Yo sentí mucha emoción,  era más de lo que esperaba,  pero estaba orgulloso de mi música.

Durante mis presentaciones musicales era solicitado mi servicio para el monarca,  cerca de su area de trabajo privado,  o en sus horas de descanso y relajación. También asisto en las fiestas y donde se me asigna mi servicio.

Era normal presentar servicio musical en las fiestas del castillo,  cuando se celebraban victorias.  También existian encuentros romanticos del jerarca,  o de sus allegados,   donde yo con discreción y desde cierta distancia tocaba melodías más romanticas.
Como también en reuniones politicas y relaciones diplomaticas entre estados aliados.  Siempre fuí solicitado a representar mis funciones musicales,  que me hacian sentir una persona honorable.
Mi música se había convertido,  en lo más importante de mi vida.

Existían areas en el castillo,   para la gente que servía  permanentemente allí.
Me fue asignado un espacio que me gusto mucho,  era mucho mejor del que tenía en mi aldea.
Y aunque tenía que recorrer un pasillo largo y estrecho entre paredes gruesas,  donde estaban varias habitaciones para otros músicos también.
Me sentí privilegiado,  de ser parte de ese grupo.  Me gustaba compartir con otros como yo.
Siempre admiraba la experiencia y la madurez de personas adultas.  Y logre hacer buena amistad con todos los músicos de allí.
Pero estreche más más vinculo amistoso,  con un músico ya más viejo.  Quien me dió su valioso apoyo.

Allí en el castillo conozco una mujer contemporanea conmigo,  que me agradaba por su atención hacía mi. 
Y que servia a las mujeres importantes del castillo,  y hacia bien su trabajo.
Comencé a mirarla mientras le sonreía,  y ella me respondía de igual manera.
Un día le hice llegar una nota,  para encontrarnos en un area secreta del jardín.  La espere ahí,  y ella acudió a mi encuentro,  me emocioné mucho al verla llegar.
Hablamos de nuestros deberes en el castillo y de nuestra vida en comun,  ambos eramos libres y nos  sentíamos atraídos.
Seguimos con nuestras secretas citas,  donde me traía dulces y panecillos hechos por ella para mi.  Me gustaba mucho su manera atenta llena de halagos.
Y le propuse entonces que fuera mi mujer,  y que se mudara a mis aposentos.  Y ella acepto.

Para este momento yo,  ya había solicitado mi deseo al jefe de personal.  Y me senti satisfecho de que se nos permitiera convivir en mi espacio.

Visito a mi familia de la aldea cada cierto tiempo.  soy importante ahora,  pero no los olvido,  y siempre llevo ayuda para su limitada economia,  era ayuda importante para ellos.
Y un tiempo después,  antes de mis 40 años,  conocí otra joven mujer en la aldea,   que me gusta y a mi familia también.
Yo tenía dinero suficiente para ese momento,  para pagar su dote.  Había invertido en cabras y cerdos,  que mi padre administraba y hacía crecer,  llevaba buenos negocios con él.
Y el padre de la chica exigía un  acuerdo considerable para mí,  un  acuerdo que pague ,  y en el que  recibí esta joven como mi mujer.
Pero no quise casarme,  por las leyes religiosas de ese tiempo.  Pero también era legal el pago al padre,  era acuerdo entre hombres.

Casarse era decisión propia.  No se le imponía al hombre.  El pago era el requisito fundamental.

Le compre una granja pequeña,  para que criara animales.  Ese fue el hogar que le dí.
Yo estaría allí cuando viniera de visita a la aldea, y podía convivir con ella.
Y así transcurre el tiempo,  entre mi trabajo musical,  que era muy bueno y solicitado en el palacio.  Y mis visitas que sigo sosteniendo en la aldea.
Mantengo estas dos relaciones sentimentales con estas dos mujeres,  no tengo hijos con  ninguna y tampoco me preocupa tenerlos.

Aunque sentía más amor por la mujer de la aldea y me gustaba mucho,  no decidí nunca tenerla más cerca,  aunque ella lo deseaba.
Pero la mujer del castillo era la que me daba una vida de atención diaria,   y era conveniente para mi estatus laboral,  y estaba conforme con esa relación.
Ella era mi mujer oficial allí,  aunque tampoco me case con ella.
Casarme era algo que  emocionalmente no necesitaba ni quería.

Pero la mujer de la aldea sí deseaba que me casara con ella,  y la tuviera permanentemente conmigo,  ese era su delirio,  algo que nunca acepte aunque sabía que sufría.
Pero no hago nada para complacerla,  nunca la quise tener en mi vida del castillo.   Y   como hombre,  yo tenia la última palabra en la vida sentimental  y de cualquier indole,  en una familia o relación.

Era la ley del hombre,  lo que convenía a la sociedad.  Era el hombre quien manejaba acuerdos con otros hombres,  y   ninguna mujer  opinaba,  solo se esperaba de ella obediencia,  era normal el castigo o azote para una mujer que se considerara que habia hecho una ofensa a la familia o al hombre.
Así pasa el tiempo y el ritmo sigue igual.  Era un músico bueno y valorado por mi talento,  que yo me esmeraba en mejorar y mantener.

Me enferme cerca de mis 60 años,  y me fuí poniendo más grave.
Me empiezo a sentir viejo y cansado y ya no podía mantener el mismo ritmo.
Y mi mujer del castillo,  también estaba agotada por el trabajo y la responsabilidad.  Y decide que es mejor que me vaya con mi familia,  o con esa otra mujer.  Ya que yo nunca le compre una propiedad,  o pense en una mejor vida para los dos.
Yo siempre invertí todo en la aldea,  para beneficio de la familia y de mi otra mujer.
Lo que ella recibió de mi,  en lo material fue muy poco,  algunas monedas para nuestra convivencia y sustento.  Consideraba que ella tenía beneficios en el castillo,  y le darían su arreglo final,  cuando llegara el tiempo.  Ella tenía familia a donde regresar.

Deciden que ya no funciono bien y que ya no soy útil para el servicio,  y me dan un buen pago en el castillo y se me manda a descansar a mi aldea.  Con una orden del medico del palacio.
Me llevaron de regreso a mi aldea en una carroza de servicio laboral,  con todas mis pertenencias.

De regreso a mi hogar de la aldea,
me siento mucho más enfermo y deprimido.  Y aquella mujer que amaba ya también comenzaba a envejecer con su presencia  descuidada por tanta labor fisica que hacia en la granja.

Pero me atendía   bien y estaba muy preocupada por mí.   Lucho  por mejorarme  ¡ pero yo siento que es el fin !  me sentia derrotado y sin animos para luchar.
Ella me abrazaba y me miraba con tanto dolor en su rostro   ¡ que me doblegaba el alma !
Pero yo no tenía fuerzas ni ilusión para seguir.   Tengo días de mucho dolor fisico y mucha inflamación en las piernas y el cuerpo,  tenía dificultad para moverme,  mi cuerpo pesaba y lo sentía torpe,  y una sensación amarga en mi boca  reseca,  y unas debilitantes  nauseas constantes me perseguían.
Realmente solo deseaba morir,  pero esta mujer lucha por mi,  lavando mi cuerpo con hierbas,  y preparando pócimas que me hacia tomar.
Pócimas que ella hacia de muchos tipos de hierbas.

En esos momentos sentía mucha infelicidad por no haberle dado más de mi compañía y mi tiempo.
Sentía mucha culpa y pena por no haber sido mejor con ella.
Ella lloraba mucho por no verme mejorar,  y su inmenso temor de perderme para siempre,  le quebrantaba el alma.
Entonces mi culpa se hacia más grande,  por no haberme casado con ella,  ¡ como ella lo deseaba !

Y así durante una noche angustiosa entre las lagrimas y el dolor de ella,   expiro mi último aliento !
Es mi ultimo intento de respirar,   ya no tengo fuerzas.  Y mi último pensamiento fue para ella.
¡ pero era un pensamiento de culpa y arrepentimiento !
¡ Como deseaba !  que mi decisión hubiese sido diferente.
Ella merecía que así hubiese sido.

Cerre mis ojos,  el agotamiento de mi cuerpo me consumía,  pero ya todo era oscuridad,  un tiempo de inconsciencia...¡ talvez !

Parece que despierto,  y estoy flotando en el aire,  comienzo a moverme y puedo mirar mi cuerpo,  ya muerto.  Ella lloraba inconsolable,  al lado,  y esto me dolió mucho.  Pero me sentía extraño y sin peso alguno,  mi sufrimiento físico ya no existía, en mi nueva condición.  Pero aún así,  intente abrazarla y no pude sentirla,  no lograba sujetarla,  mis brazos solo traspasaron su cuerpo.
No podía comprender,  porque ocurría esto,  intente hablarle,  y ella no me oía,  no podía ver,  que yo estaba ahí.  En mi decepción y confusión me comencé a elevar y alejarme del lugar.  Pude oír los lamentos de la familia,  que llegaba llorando,  no me gustó esa sensación de perdida que ellos sentían,  quería que se dieran  cuenta,  que yo estaba ahí.  Pero no podían verme,  toda la atención era para el cuerpo... ¡ ya muerto !
Yo observaba todo el suceso,  desde cierta altura,  me mantenía cerca,  esperando a que sepultarán  el cuerpo.

Existía una ceremonia familiar,  que llevaba el cuerpo,  hasta una montaña cerca,  donde se habría un hueco,  y el cuerpo era dejado allí,  para que se lo comieran las hormigas,  gusanos y otros depredadores del ambiente.  Solo se le cubría con muchas ramas.
Ya sintiendo que conmigo,  se había cumplido,  decido irme,  yá,   hacia el cielo prometido.  Pero con  mucho dolor en mi alma,  por no haber hecho mejor vida,  para ella,  para ese ser,  que entendí,  sí,  había amado,  y,  ahora podía ver con más consciencia... su amor,  su dolor,  su devoción por mí.  Pero ahora... yá,  todo había terminado.  Y comenzaba a entender,  que yo seguía vivo,  y que lo que ahora experimentaba era libertad.  Y ahora queria saber que era realmente el cielo.


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●●Epílogo    ( 7 )

Esta historia es una poderosa representación de la lucha entre la ambición personal, las emociones humanas y las restricciones culturales de la Edad Media. A través de la voz de un músico talentoso que comienza su vida en una humilde aldea de agricultores.

El relato muestra su ascenso social gracias a su dedicación a la lira. Su éxito lo lleva al castillo, donde alcanza el prestigio de servir al rey, un sueño importante para cualquier hombre de su época.
Sin embargo, a pesar de su progreso, las decisiones personales del protagonista reflejan una marcada desconexión emocional,  que funde en su pasión musical.

Su vida está dividida entre dos mujeres: una en el castillo, que representa conveniencia y estabilidad.
Y otra en la aldea, que simboliza el amor genuino que él nunca se permitió priorizar.

Esta dualidad, aunque práctica en el contexto social de la época.
Revela la tendencia del protagonista a valorar más su posición y su legado material que las relaciones humanas.

Situación que reflexiona y comprende en medio de la inevitable culpa y pesar,  cuando la enfermedad,  el agotamiento y la desilución  en su vida.
Le muestran el poco valor que ha tenido su entregado arte a la vida fastuosa y egoista.
Ahora tanto desafio vivido se hace oscura sombra sobre sus lúgubres pensamientos.

Ahora es tan lamentable el final,  que solo produce intenso dolor emocional.  Por lo no vivido en una  verdadera vida compartida.
En una vida con valores humanos verdaderos.   Y que aunque  tenía un amor valioso,  no lo valora con sentimiento propio,  simplemente lo trata como una pertenencia más.
Ahora también,  la muerte del cuerpo,  le muestra una realidad,  que siempre se negó a entender.  Una realidad más humana y verdadera.

 


Autor.    Consuelo Sanchez