ENRIQUE HORNA

CAMINO A CASA

Madre, recibe esta tarde

el mango más sabroso

de mi cariño

la miel más dulce 

de mi espíritu

los rojos de mis suspiros

las palpitaciones de mi corazón

la piel de mi alma

la melancolía de mis ojos.

Edén de mis afectos.

 

He recorrido todas las lejanías

del abandono

he sufrido el desamparo

en cada estación del tiempo

pisando el fango de la miseria

asustado por el odio sin sentido

torturando el blanco de los crédulos

angustiado ante el abuso maligno

clamando la luz de tu sonrisa

pronunciando las silabas de tu abrazo.

 

La oscuridad ha cubierto el cielo

las estrellas extraviaron sus destellos

las luciérnagas escondieron su brillo

el rio ha llorado el ultraje al niño

las piedras han enloquecido de impotencia

las aves se ocultaron con la luna

las montañas han cesado sus perfumes

los mares se han puesto a llorar.

 

Camino a casa, Madre

mi esperanza ha cantado con la lluvia

mi sonrisa ha danzado con la aurora

mi sed se ha saciado con tus huellas

el agua se volvió mansa refrescando mis vacios

la tierra purifico sus entrañas

el sol se vistió de niño

el rocío beso a los picaflores

las mariposas liberaron sus colores

el mango ha florecido de nuevo

el puerto del destino es una humilde calle

infinita pertenencia de nuestro encuentro.   

 

EH