La montaña rugió con voz de espanto,
y el barro descendió como una fiera;
Nepal quedó cubierto por el llanto
bajo la furia gris de la ladera.
No hay muro que detenga su quebranto,
ni fuerza humana frente a su carrera;
pues la tierra, cuando pierde su encanto,
recobra su poder de madre entera.
Casas, caminos, sueños y esperanza
quedaron sepultados en la herida;
y el hombre, ante el poder que todo alcanza,
comprende, así, lo frágil de la vida..
Mas entre el barro surge la confianza:
aun bajo las ruinas, el hombre avanza.
JUSTO ALDÚ ©
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