La montaña rugió con voz de espanto,
y el barro descendió como una fiera;
Nepal quedó cubierto por el llanto
bajo la furia gris de la ladera.
No hay muro que detenga su violencia,
ni fuerza humana frente a su furor;
pues la tierra, con toda su potencia,
recobra en su poder su antiguo ardor.
Casas, caminos, sueños y esperanza
quedaron sepultados en la herida;
y el hombre, ante el poder que todo alcanza,
comprende, así, lo frágil de la vida.
Mas entre el barro surge la confianza:
aun bajo las ruinas, el hombre avanza.
JUSTO ALDÚ ©
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* Nota: Hemos procedido a editarlo por algunas recomendaciones