Había una vez
una mano clitómana
que, a cualesquiera horas
—ya con sol, ya sin él—,
pero más por las noches
—al claror de Selene,
en penumbra o sin luz—,
tenía la costumbre
del hurto sin testigos:
el robo fantasioso
de imágenes eróticas,
un hábito en el cual
hallaba complacencia.
sábado, 6 de junio de 2026