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Entre pensares

Días tardíos que caen por su propio peso,
me pregunto a momentos, mientras miro a lo lejos,
lo infinito de mi padecer.

Más que una condición,
una enfermedad casi mortal,
deseándome a ratos,
y yo solo quiero ceder a sus encantos,
dejarme atraer por pensamientos vagos
que solo consiguen arruinar mi día.

¿Desde cuándo tuve un buen día?

Sobrepensar se ha vuelto una rutina,
un hábito disfrazado de normalidad,
un estilo de vida
que parece ir de acuerdo con mi personalidad.

Miro cómo se desvanece
lo que alguna vez me pregunté:
si en algún momento hubo algo dentro de mí que salvar,
o si solo era una cáscara vacía,
sin nada nuevo que ofrecer.

Admiraba cada detalle
de aquella compleja mente frente a mí,
pensando que tal vez,
en algún momento,
llegaría a entenderla.

Cuando al final,
solo destruí aquello
que la mantenía coherente.

Merezco no entender nada ni a nadie,
ser incomprendido
o simplemente dejar de serlo.

Desaparecer dentro de mis sueños,
ocultarme en algún lugar
donde nada consiga alcanzarme,
donde por un momento
el ruido deje de hacer ruido.

Porque siempre lo hago:
pienso que todo está mejor,
me convenzo de que esta vez será distinto,
y cuando finalmente consigo creerlo,
algo dentro de mí vuelve a recordarme

que todo cambia,
que todo se rompe,
que incluso aquello que parece eterno
termina por desvanecerse.

Y yo sigo aquí,
mirando cómo pasan los días,
esperando encontrar el final
alguna razón para no estar
todo tiene un final
espero el mío con ansias desde hace años
ojala no pese tanto como hoy.