La luna dejó de brillar
porque vio que tus ojos lloraban
lágrimas que no dejaron ver
que tu corazón sangraba.
Las estrellas quisieron hablar,
pero tu pena las apagaba,
porque sabían que en tu mirar
mil tristezas se escondían y callaban.
El viento acarició tu piel,
como queriendo aliviar tu herida,
y aunque el dolor fue cruel,
aún quedaba esperanza escondida.
Quizá mañana vuelva la luna,
y encuentre tus ojos serenos,
quizá transforme aquel dolor
en recuerdos de tiempos buenos.
Y las estrellas volverán a brillar,
cuando ya no duela la madrugada,
porque verán en tu mirada
un corazón que volvió a sanar.