Una noche me vi de rodillas,
Y no fue porque estaba en postura de ser perdonado o de implorar perdón,
Había caído, había doblado mis rodillas,
Y las llagas marcaron mi piel hasta los huesos;
Caí frente a muchos y ni uno solo se me acercó para levantarme,
Sentí la corona de espinas no sólo sobre mi frente,
Y era porque ese dolor me había herido también el Alma,
…La indiferencia y las laceraciones ganadas en este camino,
Me habían hecho el mejor ejemplo de sentir el rechazo, o el alejamiento;
Solo harapos habían cubierto mi cuerpo,
Y mi Alma –ya desnuda- pregonaba en silencio,
Un susurro entre mi corazón y el de quién aún seguía a mi lado,
Era lo único que las Almas escuchaban,
Y su Amor me sostuvo mientras me decía en voz muy bajita…
No me llevaré tu dolor, pero has de saber que yo estoy contigo,
Y te daré fuerzas para volver a levantarte,
No te quitaré aquellos clavos que algunos clavaron sobre tu cuerpo,
Pero… recuerda, que tu corazón yo cuido,
Que tu Alma es mi joya preciada,
Y aunque tus pies -en desgarro de carne,
Ya no resistan el peso de tu cruz, ni de tu cuerpo apenas,
Yo estaré a tu lado, abrazándote para que no te detengas;
Has llorado, y sientes el sufrimiento y el despojo de lo que amabas,
Y clamaste, y aunque buscaste de mi voz, y de mi rostro,
Sólo sentiste el silencio,
Y viste el cielo vacío y casi sin estrellas, sin luna… muy oscuro,
Pero yo he estado ahí contigo, enjugue tus lágrimas y guardé tus plegarias,
Y te hice descansar,
No estás solo, nunca lo estuviste,
Estuve siempre a tu lado,
Sosteniéndote, amándote,
Y ayudándote para que llegues hasta donde yo te recibiré,
Con mi abrazo de Amor, para curar tus heridas.
Aunque te sientas cansado de esta guerra,
No desmayes, no retrocedas, solo espera,
Porque en adelante mi Amor por ti será tu escudo,
Y mi cayado será tu guía abriéndote caminos... abriendo puertas,
Y no olvides que una guerra, cualquiera que esta sea,
Dejará marcas en tu piel y tu cuerpo cansado,
Pero no temas… Yo estaré contigo.