El eco se oye seco,
tan seco que no se oye
lo que clama ese verso
que está en el horizonte.
El eco se oye lejos,
tan lejos que se esconde
entre montaña y cielo
con muchos nubarrones.
El eco y su sonido
dormido se ha quedado
entre el cantar de pinos
y tantos pajarracos
que a diario siempre miro
y al eco vuelven parco.