Quiero que me quieras sin medida, sin la prudencia de quien teme perder.
Quiero tu boca cuando todavía tiene mi nombre, tus manos cuando olvidan el mundo y solamente saben buscarme.
Quiero tus noches, tus mañanas, tus dudas, tus ganas.
No quiero una parte de ti.
Te quiero completa, desordenada, ardiente, real.
Y yo te entrego lo mismo: cada herida, cada deseo, cada miedo, cada locura.
Porque cuando te amo no sé hacerlo a medias.
Te amo con todo lo que soy.
Con cada parte de mí.
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Rafael Blanco López
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