Si más vale ser muerto eterno que eterno sin vida,
y más vale vivo y despierto
que eternamente muerto,
ante cualquier situación, y, sobre todo, en el tiempo inevitable
de tempestad, oscuridad o niebla,
manteniendo la atención, la presencia y el sentido,
más allá de uno mismo y de sus circunstancias,
vale más vivo despierto, para seguir sumando,
honrando todo el tiempo de vida...
que restar un solo día.