El desalmado

LA BALANZA TRUCADA

Bajo el sol que a todos nos da en la espalda,

venden el mito de la gran carrera,

donde gana quien pone toda el alma

y sube más veloz por la escalera.

 

Pero hay pies que ya nacen con zapatos,

y otros que pisan siempre sobre espinas;

unos cruzan la meta sin recatos,

otros cargan el dolor y las ruinas.

 

No es el sudor el que al final decide,

ni la fuerza secreta del talento;

es el suelo pisado que divide

entre el pobre y el que vive del cuento.

 

La justicia demuestra su ceguera

mientras sirve al señor de la riqueza;

para el pobre, es solo una quimera,

pues la cuna decide su pobreza.

 

Desperdicia su vida en el empeño,

persiguiendo una sombra que se esconde;

prometen una sociedad de ensueño

pero el rico de su plata no responde.

 

Unos gozan nadando en el exceso

del linaje, el favor y la ventaja,

mientras otros se hunden bajo el peso

de vivir al filo de la navaja.

 

Es la ley de la jungla en el mercado,

un imperio brutal, sin compasión,

donde el mísero vive como esclavo

y el dinero es la única razón.

 

Pero juran que es el orden natural,

que el pobre no prospera por pereza,

que el sistema perfecto es vertical

y que el noble merece su nobleza.

 

Confunden a Stalin con Olof Palme

y a Mao Zedong con Rosa Luxemburgo;

afirman que todos somos iguales:

un rojo peligroso y nauseabundo.

 

Nos cuentan que ese zurdo es mala gente,

por querer ver el privilegio hundido,

que se enfrenta a la situación vigente,

por ser un envidioso y resentido.

 

Si busca repartir desde el Estado

la riqueza a través de los impuestos,

lo acusan de tirano y de malvado

que impide la abundancia y el progreso.

 

Y si el pueblo se une en la batalla

para luchar con fe por sus derechos,

aseguran que la revuelta estalla

y tachan de violentos sus esfuerzos.

 

Y así crece la farsa del destino

mientras sigue trucada la balanza;

para pocos es fácil el camino,

para el resto no queda ni esperanza.