Tú, caballero de noble sangre,
tú que esperas a tu madre,
la reina de la sangre vil,
en el camino acabas con miles.
Sangre de inocentes,
sangre de creyentes,
sangre de vírgenes,
sangre de cazadores.
Recorren tu hoja sanguinolenta,
tu gran pistola tan lenta,
que rompe todo de un tiro certero;
tú que peleas con esmero.
Solo mueres con tu último aliento,
tú, como si fueras el viento;
eres tan rápido como una bestia,
estás en contra de la gran Iglesia.
Autor: Samuel Fuentes