Elisabeth:)

Anatomía de un monstruo.

 

¡Y hablaban de una monstruosidad!:

 

Eran gestos inútiles,

torpes y pálidas manos,

sus besos errados,

ojos evitando otro par;

y para acabar huyendo,

¡qué prisa por llegar!

 

Oh, 

relatos que venían de aquellos

que superficiales son.

 

 

Me vais a perdonar;

si os acercáis un poco más,

habréis de ver como yo,

pura humanidad.