¡Y hablaban de una monstruosidad!:
Eran gestos inútiles,
torpes y pálidas manos,
sus besos errados,
ojos evitando otro par;
y para acabar huyendo,
¡qué prisa por llegar!
Oh,
relatos que venían de aquellos
que superficiales son.
Me vais a perdonar;
si os acercáis un poco más,
habréis de ver como yo,
pura humanidad.