He conocido a una chica compacta e itinerante.
De puro movimiento poseída, lleva su casa y su dios de la guerra a cuestas, cual Atlas viajero.
No rompas la pasta a su lado, pues este supremo pecado será castigado con la peor de las muertes.
Si algún día te cruzas con ella, Dios habrá mostrado su favor y bien harías en maravillarte ante tal encarnación.
Ten piedad de nosotros los mortales, Johanna.