CAMINAR
Bajo la carpa azulada
que reviste nuestras lomas
con nubes algodonadas
de una blancura ancestral.
Parece que es el total
lo que pisamos debajo,
y el resto fueran retazos
pertenecientes al mar.
Y, sin embargo, no existen
muros en el horizonte;
el camino que va al norte
no tiene punto final.
─Él sabe que es muy normal
desgastarse en despedidas,
como lágrimas barridas
por un mismo vendaval─.
Solo somos asistentes,
ignorantes invitados
a un festejo organizado
que no sabemos gozar.
Es una amarga verdad
que no somos tan gigantes;
sino gotas de un instante
que está a punto de expirar.
Entre miles de galaxias
se diluye nuestro mundo;
como se funde un segundo
en la inmensa eternidad.
Pero es tan triste pensar
que no somos importantes;
que, aunque a plazos muy distantes,
es preciso caminar.