Andres V. Almiña Negrete

El valor del trabajador

Momentos de incertidumbre se viven por doquier.
La gente pide clemencia de un tirano que vive de pie,
solo dando órdenes,
y uno a veces debe ceder,
porque la vida se mueve con jefes
que creen que siempre van a tener poder.

En medio del trabajo, uno quiere crecer;
no espera recompensa,
solo un pago honesto y un trato de bien.
A veces, una palmadita de vez en cuando es bienvenida,
pero una palabra bien dicha
puede llegar a ser valorada
por alguien que consciencia y alma tiene.

En momentos que te necesitan,
te llaman y te dan horas.
Pero cuando tú requieres un poco más de tiempo,
se hacen los locos
y al responderte se demoran.

Mucha gente se va del trabajo
por buscar una mejora laboral,
y a pocas empresas les importa
qué es lo que va a pasar
con un trabajador honesto y servicial.

A veces existen corporaciones
que tienen una visión más allá.
Preparan y forman trabajadores honestos,
que con ahínco trabajan,
toman iniciativa,
son amables y serviciales.

Te aprieta el corazón cuando ves injusticia:
trabajadores lentos e inconformistas
que trabajan a medias
o con muy pocas ganas;
les aumentan el sueldo
y les dan horas sin pena,
mientras otros trabajan honestos
esperando un mejor mañana.

Saludan corteses
y se sienten heridos por dentro,
porque ven ingratitud
y están descontentos,
aunque trabajan correctamente.
Privilegios otros tienen,
aunque se queden estatuas,
escondiendo y riendo.

Aprecias a jefes que se creen líderes,
pero muchas veces es un disfraz
donde esconden su intensidad,
siendo capataces
que no ven más allá de sus narices.

Me da mucha pena que haya jefes sin experiencia,
ni siquiera preparados,
y estén en puestos de gerencia
y, en algunos casos, sin hacer nada,
solo saludando,
escondiendo su ineficacia.

A veces la gente tiene esperanzas
de que algo puede cambiar,
pero muchas veces se envejecen esperando
tener una oportunidad
de un mejor trato y de un mejor sueldo;
un sueño que puede llegar
o enterrarte
sin ver un dólar más.

Uno no debe mendigar
cuando sabe que su trabajo vale
y lo demuestra con fuerza,
tenacidad y responsabilidad,
buscando la oportunidad
de irse a un mejor lugar.

A veces uno piensa en irse,
pero espera un milagro.
No debe esperar mucho tiempo,
porque los años van pasando.

Cuando tú ves una oportunidad,
uno debe buscar,
porque no siempre encuentras buenos jefes
que se preocupen,
buenos jefes que estén pendientes
de su personal.

Cuando uno sabe dirigir
es porque aprendió a vivir,
a estar del otro lado del papel,
sabiendo que un puesto no dura para siempre,
que debe de tener presente.

El poder puede parecer firme como el hielo,
pero hasta el hielo se derrite
cuando llega el calor
y su puesto se va desapareciendo.

Mientras unos se creen papas,
otros se creen reyes.
Algunos almirantes,
unos son alacranes.
Lo importante es querer dar el ejemplo,
ser buen líder,
orientar
y hacer el bien.

Porque ser jefe
no es tener siempre el poder.

“Ser líder es saber que algún día puedes dejar de tenerlo, pero nunca deberías dejar de tener humanidad, sencillez y saber apreciar y valorar al personal.”

A.V.A.N.

8/27/2026

Autor del libro: Los Jefes no son Reyes. El Liderazgo efectivo en tiempos de cambio.

Andrés V. Almiña Negrete