En cada rincón de la habitación sigues estando.
En el desorden de mi cuarto, en el frío de las madrugadas, en la televisión encendida que nadie mira, en las sobras de la comida, en las medias perdidas bajo la cama. Cada parte de mí sigue aquí, igual que cada rastro tuyo. Y a veces pienso que no es tu ausencia lo que pesa, sino todo lo que aún permanece.