¡Ay!, si yo pudiera decirte
cuántas noches estuve triste,
cuántas horas suspiré
contemplando el horizonte,
cuántas lágrimas derramé
implorando tu llegada con la aurora,
porque sí, no temo decirte
que te amé con locura
como si no hubiera mañana,
te entregué mi alma pura
y recibí una cruel puñalada,
pero no temas, amor,
que le diré a la luna
que te muestre el lugar
donde quedó mi sepultura...©