Cohorte infame
Trancada furibunda,
y pasó la masa.
La no ovacionada,
la irascible.
Su ombligo estrujó ideas
y perdió su maleabilidad.
Junto allí la voz juglar,
lo advirtieron pues lo vertieron,
implorando…
Y rieron al tiempo después.
Llovía. Carlos recitó el mejor poema del mundo,
en el cual se privó de gozar y recoger cenizas en la vigilia.
Sí, allá en Colombia: Carlos de la calle.
Él recordó unas horas,
unas pocas de la noche.
Fue escribano bebedor,
Hipólito bebedor,
jocoso bebedor,
socialista instructor.
Junto allí la voz juglar
compró un camello.
Mientras todos reían, poco tiempo después,
mientras diluviaba, Carlos, con hambre,
recitó el poema más lindo del mundo,
en el cual en vigilia se privaría de comerse una gallina,
en el cual se privó de manto y frío:
Carlos de la calle.