Si abro una puerta y te veo, mírame.
Observa cómo el tiempo ha marcado mi piel.
Cómo alguna cana comienza a echar raíz.
Si abro la puerta, pero estás ocupado entre toboganes, esperaré.
Pero mis manos han cambiado ya, mis pies también.
En mi cabeza ya no habita un mundo pequeño y despreocupado; la responsabilidad en el otro hizo mella en mí.
Si abro la puerta y me das la espalda, sé que será porque andas liado entre abuelas y arrugas. Comidas de domingo, paseos de guardería.
Pero yo seguiré intentando llegar hasta ti, para poder decirte todo lo ocurrido.
Te contaré cómo briznas y hebras han cambiado su sitio, incluso la manera de ser vistas.
Te deletrearé aquellos verbos que te calarán hasta los huesos.
Recapitularé todas las historias y amores, lo bueno y malo vivido.
Mi boca seca no desistirá en su sendero.
Si abro la puerta, y estás ahí,
continúa tu camino, que algún día llegarás hasta aquí, hasta el mío.