Una iguana
me miró una tarde.
Tenía en los ojos
muchos años.
Le pregunté:
¿Tú conociste a los taínos?
No respondió.
Movió la cola
lentamente
y desapareció
entre las piedras.
Desde aquel día
supe que hay silencios
que saben más
que los libros.
Emiliodr/Agosto 26/26