Juan Vallejo

BLAMIL GARDUK

En la esquina tuetánica de arreboladas brisas adamantinas,

sueña Blamil Garduk enrevesadas liras de adargas andinas,

de esas portantes de doscientos treinta adagios fulgentes,

de esas que velan la sangre y del dolor son todas ellas la fuente.

 

Suspira Blamil Garduk el fuego ennegrecido adornante del orbe,

hollín de tristezas y risas de encaneladas sirenas,

smog del Smaug antológico del septentrión de la tierra,

y del alféizar del balcón de Dios que allende se esconde.

 

Blamil Garduk es monstruo que en sus colmillos anida

melifluo silbido del danzar de la tierra

a cuartos de tres y cinco en compases de ocho,

y reverberan sendas nocturnas y esquivas estelas.

 

Pesadilla del Cthulhu de Kafka y padre del escarabajo de Lovecraft,

y burra del coronel a quien nadie le escribió, dijo Gabo,

y tormento del Rey Brujo de Angmar,

y clavo del hijo de Dios enclavado.

 

Ojos de Blamil Garduk de pétreas perras

pariendo Gorgonas de Góngora para las mellizas medusas,

labran en el tiempo cimientos y esclusas

y develan los huesos astrales de todo esquema.

 

Dicen que no hay viento que no haya salido de sus alas,

que ningún dragón por fuera de ella ha nacido,

que el corioli planetario en ellas es mecido,

que a Hermes enseñaron a volar sus escamas.

 

Blamil Garduk cuyas garras son abismales sumideros,

tejiendo los cumulonimbus galácticos,

forjando Big Bangs en sentires tántricos,

de torso frontera al que no llegan los viajeros.

 

Blamil Garduk, ¿eres siquiera criatura?

Con Dios, antes del Génesis, tuviste audiencia:

abuelo de Satán en su bravura

y ANTÍTODO de Dios en benevolencia.

 

Blamil Garduk, Dios quiera que nunca despiertes,

que llora la tierra el llorar de tu llanto,

y hasta Andrómeda espera escapar de tu manto

y del horizonte de tu hambre poder fugarse por siempre.