●HISTORIA : ( 6 )
● UNA VIDA EN LAS MONTAÑAS
DE CHINA.
En esta vida, existo en una aldea, poco poblada, en una zona montañosa de China, bastante cerca de los limites de la India. Esto sucedió por el 1400 D.C. En un pueblito ubicado en una especie de colina alta, aunque yo vivo en una zona más baja, un poco aislada, pero adyacente al lugar y cerca de la montaña.
Soy una mujer pequeña y delgada de unos 40 años, pero muy desgastada por la vida de trabajo difícil que se hacía. Tengo un esposo también de un poco más de 40 años.
Un hombre delgado y encorvado, un poco más alto que yo, y también muy agotado por el trabajo. No tenemos hijos, estamos solos, con unos pocos familiares cerca.
Nuestra vida era muy dura, trabajamos con una carreta y dos asnos, que halaban la carreta. Recorríamos diariamente trochas empinadas con bordes hacia los precipicios.
La meta era llegar a las minas de cal, y era agotador el camino que se recorría, y que se hacia dificil entre tantas protuberancias de piedra, raices y monte que íbamos apartando para pasar.
A veces sentía tanta pena y dolor por mí, pero mucho más por él, al andar por esos lugares aislados y peligrosos , donde la vida era de demasiado sufrimiento y carencia humana.
Se luchaba mucho para sacar la cal de la mina, y lo hacíamos con cierta herramienta rustica, hecha de hierro y madera.
Se sacaban bloques grandes que debíamos meter en la carreta, hasta llenarla con suficiente material, para luego emprender el viaje de regreso hasta nuestro hogar.
Era un trabajo agotador, pero en mi pobreza y limitación era feliz de trabajar con mi esposo, desde mi corazón deseaba ¡ tanto ! apoyarlo, cuidarlo y ayudarlo. Siempre tenía mi mejor disposición para ayudarlo con el trabajo. Y aunque sintiera agotada mi fuerza, solo deseaba mucho ayudarlo y verlo contento con lo poco que se lograba.
Era una vida de mucho conformismo, pero a mi esposo le gustaba sacar el material de la montaña. Y a mi me daba confianza la vida, al tenerlo a él junto a mí. Mi corazón agotado se calmaba con solo sentirlo cerca.
Después de tener depositada la cal de varios viajes y de varios días, se procedía a desmenuzarla en polvo.
Para transportarla a una especie de Teneria o lugar donde curtían y preparaban cuero de animales, como material para artesania manual.
A veces logramos cacería de animales pequeños. Eso a él le apasionaba, cazar y recoger frutas silvestres era una oportunidad más de sustento. Era parte de nuestra sobrevivencia, aunque yo criaba algunos pollos y cabras, el terreno era limitado y se sembraba muy poco, solo aquello que se consumía.
Así transcurría nuestra vida, entre trabajo y necesidad, pero con la alegria de estar juntos.
Un día el enfermo de gravedad, y ya no pudo recuperarse.
Aún, cuando luche por ayudarle... murió, dejando mucha desolación en mi alma.
Llegó la ayuda de algunos familiares y vecinos.
Pero el cuerpo debía ser triturado a la orilla del río, para que fuera consumido por aves de rapiña u otros animales carroñeros. Pero antes había que hacerse una ceremonía, para despedir al espiritu, hacia otro destino nuevo, y que estuviera en calma, antes de emprender su viaje, en busca de su siguiente vida.
Pero esta acción se estaba demorando, porque los sacerdotes destinados a tal misión, andaban en algo más importante.
Mientras tanto yo me angustiaba por la situación y pensaba en el espiritu de mi esposo, que debía estar sufriendo por la falta de atención hacia él.
Ya, pasadas las 5 de la tarde, y, aún no había respuesta de la situación presente, y el cuerpo envuelto en mantas de cuero, estaba solo, cerca del río, esperando ser despedido.
Había una muchacha un poco morena y muy joven, que era mi sobrina, y me acompañaba en ese momento.
Le pedí entonces a esta muchacha que me acompañara al rio, quería llevar unas flores silvestres en una cesta artesanal, hasta el cuerpo.
Deseaba ofrendar mi sentimiento y tristeza a ese ser que había amado tanto en esa vida.
Caminamos entonces, por un camino estrecho, que iba en descenso hacia el río, estaba lleno de mucha tupida vegetación y gramineas muy altas.
Cuando llegamos, hasta donde estaba el cuerpo, empece a extender las flores alrededor del cuerpo, invocando plegarias y pidiendo perdón por el incumplimiento. La muchacha se mantenía a mi lado y oraba conmigo.
De momento se movió el aire y sentí que era más frio, y mire por encima del cuerpo, ¡ y él estaba ahí !.
Mi amado esposo, ¡ estaba ahí !
Flotaba sobre el cuerpo, se veía enojado. Y lo ví venir, mientras se abalanzo sobre mí...
Sentí que me tomaba por los hombros y me sacudía... me sentí turbada y un temor intenso, me recorrió el cuerpo.
La chica comenzo a correr, yo sentí entonces mucho miedo y comencé la huída también.
Él nos persiguió y yo sentía que me tomaba por la espalda y trataba de arrastrarme hacia atrás, pero saque fuerzas y decisión y seguí corriendo detrás de la chica, que me dejaba atrás, sentí que corría con todas mis fuerzas y desesperación detrás de ella, y ella corría más, no podía alcanzarla.
La vegetación me arañaba y me hacia difícil el ascenso.
Llegamos a la entrada del pueblo, que estaba organizado en una calle central, con escalera de barro y piedra. Comenzamos a subir con mucho terror y confusión. Subimos muchos escalones, jadeamos y respiramos con dificultad, hasta que llegamos a las puertas del monasterio, que estaban abiertas. Este lugar estaba ubicado en la parte más alta del pueblo, al final de la calle con escalones.
Allí, estaban los monjes haciendo oración. Les impresiono ver lo afectadas que llegamos, y trataron de saber que sucedía, yo comencé a llorar de manera inconsolable, mientras la muchacha contaba y explicaba lo sucedido.
Fuimos conducidas a un recinto abierto donde ardía fuego en una fuente de barro, mientras nos reclamaban con molestia, lo torpe e incorrecto de nuestra acción, ya que no debimos haber ido solas y sin la guia espiritual, a ese lugar. Y se nos pidió en ese momento hacer plegarias por el espiritu de mi esposo, frente a una gran fuente redonda de lamparas encendidas.
Estuvimos toda la noche en oración, frente a la hilera de lamparas de fuego, colocadas en circulos, por donde uno podía caminar.
Mientras tanto yo seguía llorando y preocupada por él. Mi corazón palpitaba fuerte y dolía mucho, mientras observaba el horizonte, con demasiada tristeza.
Trataba de mirar el surco del rió, en medio de la oscuridad, y mi tribulación... ¡ crecía. !
¡ Como deseaba ayudarlo ! y que no estuviera tan enojado conmigo y con todos.
Llego la luz del día y yo sentía mucho frio y me acercaba más a las fuentes encendidas, a la vez que temblaba de preocupación y miedo.
Aparecieron los monjes y dijeron que durante la mañana se haría la ceremonia y comenzaría el trabajo de desintegración del cuerpo.
Trabajo que se hacía, cortando el cuerpo en trozos, y sacando los huesos de la carne, para ser, luego machacados con piedras. Este trabajo era hecho por hombres que se dedicaban a esta labor, era un trabajo que había que pagar, pero cuando era difícil la situación, ayudaba la comunidad a través de la institución religiosa.
Durante este tiempo de espera sufría mucho, mi corazón palpitaba aceleradamente, me sentía desmayar, me sentía débil y como paralizada.
Uno de los monjes me dió una especie de galletas y un té de plantas, que sentí muy bien. Pero no me abandonaba la angustia que sentía en mi pecho y estomago.
Ya, sobre las 10 de la mañana, se fue reuniendo un grupo de personas con los misioneros religiosos y emprendieron el viaje hacia el río.
Yo seguí a la caravana de personas que repetían plegarias junto a los misioneros.
Yo me sentía atemorizada mientras los seguía, aún el recuerdo de la noche anterior me persigue, aún internamente no logro calmarme.
Al llegar al río junto al cuerpo, comenzaron el ritual de despedida, donde se motivaba al espiritu a seguir su busqueda de otra vida que fuera mejor. Y el río era instrumento de orientación, hacia otros lugares o comunidades. Yo me mantuve a cierta distancia del cuerpo, no queria volver a ver al espíritu de mi esposo, y aunque no me abandonaba el dolor de perderlo, solo deseaba que se fuera en paz.
Abandonamos el lugar y regresamos a la aldea, algunos parientes me acompañaban, pero yo no dejaba de llorar, estaba inconsolable, por lo que los monjes consideraron que era mejor que me quedara en el monasterio, hasta que estuviera bien. Ellos me cuidarían.
Allí en el monasterio me mantenía en oración para expiar mi tristeza, mientras ayudaba con la limpieza y el orden del lugar.
Pase un tiempo con los monjes, pero no quería regresar a mi humilde casita, sentía que moría con tanto recuerdo y tanta soledad. Me atemorizaba permanecer y sentirme sola, en aquel lugar aislado. Entonces uno de mis familiares considero que era bueno que me quedara con ellos.
Pero mi vida desde entonces fue más triste.
Aún cuando tiempo después, me dedique a cuidar animales y ayudar en el hogar de mi familiar, para no estar tan sola. La vida se me hizo más ensombrecida... extrañaba, mucho la presencia de mi esposo, todo ahora era mucho más vacio y con un hondo dolor de inevitable perdida en mi corazón.
Un dolor y un amor que aún hoy, en mi presente puedo sentir al recordar estos episodios vividos en esa vida.
●Esto me hace comprender, como nuestra alma puede seguir amando, aún a través del tiempo. Un tiempo intemporal y abstracto, pero muy sentido en el alma.
Porque quizás para la mente solo existen recuerdos con sentimientos archivados en su memoria.
Quizás el tiempo para la mente, siempre es abstracto, como los pensamientos.
Quizás las emociones son las que mantienen vivo este estado de la mente.
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Epílogo ( 6 )
La historia está escrita de manera evocadora y profunda, describiendo una vida de sufrimiento, amor, y conexión espiritual. La narración transmite claramente las emociones de la protagonista, desde la tristeza de perder a su esposo hasta su angustia por el alma de él, y su deseo de ayudarlo a encontrar la paz.
El contexto cultural, los rituales y las creencias sobre la muerte en la aldea están bien integrados en la trama, lo que hace que la historia sea rica en detalles.
El tema del amor eterno y las emociones que trascienden el tiempo es un enfoque interesante y conmovedor.
El trabajo refleja un estilo narrativo fuerte, que invita a la reflexión sobre la vida, la muerte, el amor y la espiritualidad.
Autor. Consuelo Sanchez.