NOTA PREVIA: se recomienda enfáticamente leer antes que nada el comentario del autor, y eventualmente a posteriori el comentario agregado que lo sigue, en donde se explica el contexto y estilo particular que tiene esta publicación, a los efectos de poder captarla mejor.
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Otra vez.
No sé para qué sigo mirando.
Bueno, sí sé.
Quiero saber.
Tampoco voy a hacerme el distraído.
Quiero saber qué pasó, qué dijeron, quién respondió, si alguien hizo algo.
A ver... Nada. Lo mismo. O casi lo mismo.
No, no es lo mismo. Es peor.
Eso es lo que da rabia: siempre parece que es un poco peor.
Aunque también puede ser que uno ya mire esperando encontrar algo peor.
No sé.
Pero esto... Esto es demasiado. ...
Compartir. No. Espera. ¿Qué voy a poner?
Podría escribir algo. Dos líneas.
No, dos líneas no alcanzan.
Aunque después nadie lee cuando uno escribe demasiado.
Algo corto.
«Hasta cuándo...»
No. Otra vez «hasta cuándo», no.
Lo puse la semana pasada. O algo parecido. Y antes también. ...
Mira esto. Ciento ochenta comentarios.
Todos indignados.
Bueno, no todos. Siempre aparece alguno defendiendo cualquier cosa.
Y después empiezan a insultarse.
No tengo ganas. ... Pero tampoco puedo dejarlo pasar.
Eso es. No dejarlo pasar.
Compartir. ... Listo. ...
¿Listo? Qué palabra.
Listo. ¿Listo qué?
Nada.
Compartí una noticia. ...
Bueno, por lo menos se sabe.
Alguien la verá.
Así funciona esto también.
Si nadie comparte, nadie se entera.
No estoy diciendo que no sirva. Claro que sirve.
Yo mismo me entero de cantidad de cosas por acá.
Y he conocido gente, ideas, datos...
No. El problema no es ése.
No sé cuál es el problema. ...
Qué sensación estúpida.
Como cuando uno entra a una habitación a buscar algo
y cuando llega no recuerda qué era.
Algo así.
Estoy acá mirando la pantalla y... ¿Qué?
¿Qué estaba haciendo?
Indignándome.
No. Leyendo.
Compartiendo. ¿Y después?
Después nada. ¿Qué tendría que haber después? ...
Bueno, tampoco voy a salir corriendo a la calle
por cada cosa que me indigna.
Sería ridículo.
¿A dónde voy? ¿A la plaza? ¿Con un cartel?
«Estoy indignado».
Fantástico. Tres horas parado con un cartel.
Capaz que llueve. ...
Qué idiotez.
Aunque no sé por qué pensé en un cartel.
Debe ser la imagen automática que uno tiene de «hacer algo».
Como si hacer algo significara necesariamente salir a gritar.
No. No es eso. ... Además, ¿qué puedo hacer yo?
Ahí está. La pregunta de siempre.
¿Qué puedo hacer yo?
Nada. Prácticamente nada.
Una persona... ... Una persona
¿qué? Una persona es una persona.
No mueve nada.
Aunque... No. Por ahí no.
Porque si todos dicen lo mismo...
«Una persona no mueve nada».
Entonces nadie mueve nada.
Pero eso también es una frase.
Suena bien y no demuestra nada. ...
¿Quién tendría que hacer algo?
Los que están para eso.
Para algo están.
Los políticos.
Las organizaciones.
La Justicia, cuando corresponde.
Los... Bueno, sí......
Perfecto. ¿Y si no lo hacen?
Para eso se vota.
Y después se vuelve a votar.
Y después...
... No quiero ir por ahí.
Otra vez la misma discusión.
No es esto. Hay algo que me está molestando
y no termino de agarrarlo.
... A ver. Yo leo esto. Me indigna. Lo comparto.
Escribo que es inadmisible.
Alguien pone «tal cual».
Otro pone un pulgar. Otro comparte lo mío.
Yo sigo.
Mañana aparece otra cosa.
Me indigna. La comparto. Escribo...
... Qué raro. Visto así...
No. Tampoco voy a despreciar lo que hago.
Porque hablar importa.
Decir importa.
Callarse tampoco sirve.
Y las redes han servido para sacar cosas a la luz
que antes quedaban escondidas.
Así que no. No voy a caer en esa pavada
de que «las redes no sirven».
Sirven. Pero...
... Pero
¿para qué estoy usándolas yo?
Eso es distinto.
... Qué pregunta molesta.
... Para informar. Para opinar.
Para mostrar que no estoy de acuerdo.
Para... ¿mostrarle a quién?
A los que piensan como yo, en general.
Bueno, no siempre.
Pero bastante. ...
Entonces nos mostramos unos a otros
que estamos indignados.
Eso hacemos.
No solamente eso. Pero también eso.
Y bastante.
... ¿Y? ...
Otra vez esa palabra.
¿Y? ...
Capaz que estoy cansado. Eso debe ser.
Son demasiadas cosas.
Uno tampoco puede vivir pendiente de todo.
Tiene su vida. Trabajo, familia, problemas propios.
No se puede cargar el país al hombro.
Ni el mundo. Ni siquiera el barrio.
Bastante tiene cada uno.
Eso es verdad. ... Es verdad. ...
¿O me estoy explicando algo?
No sé. Las dos cosas pueden ser ciertas.
Puedo tener mi vida, mis problemas, mis límites...
y al mismo tiempo estar usándolos de excusa.
No siempre. A veces.
¿Ahora? ...
Qué sé yo.
... Además, ya se intentaron cosas.
¿Cuántas veces la gente protestó?
¿Y qué pasó? Nada.
Bueno, nada no.
Algunas cosas cambiaron.
Otras no.
Pero en general... En general ¿qué?
Otra frase. «En general».
Sirve para todo.
... Lo cierto es que tengo esa sensación. Que no sirve.
Eso sí. La tengo.
Haga lo que haga, al final todo sigue.
Cambian nombres. Cambian caras. Cambian discursos.
Y uno... Uno sigue acá. ... Acá.
... Eso. Acá.
...
... Qué incómodo se volvió de golpe este sillón.
... No seas ridículo. El sillón no tiene la culpa.
... Pero hay algo.
Hay algo en estar acá diciendo que aquello es intolerable, mientras...
Mientras ¿qué? ¿Mientras estoy sentado?
..
¿Ahora resulta que sentarse está mal?
No. No es eso.
... Mientras termino siempre en el mismo lugar.
Eso. Capaz que es eso.
No físicamente. En el mismo lugar.
Me entero. Me enojo. Hablo.
Comparto. Discuto. Me canso.
Me olvido un poco.
Aparece otra cosa.
Me entero.
Me enojo...
... Qué feo.
... Y peor: ya ni me enojo igual.
Eso sí es cierto.
Hace unos años algo como esto me habría... No sé.
Me habría impresionado mucho más.
Ahora lo leo y pienso: «Otra vez».
Otra vez. Eso fue lo primero que pensé. Otra vez.
... ¿En qué momento «esto no puede pasar» se convirtió en «otra vez»?
... Esa sí que no me gusta.
... Porque no es que ahora me parezca bien. Para nada.
Me sigue pareciendo mal. Quizá peor.
Pero... No me pega igual.
... Uno se acostumbra a todo, dicen.
Qué frase horrible. Y qué útil.
«Uno se acostumbra a todo.»
Como si eso resolviera algo.
... ¿Y los demás? Porque tampoco soy solamente yo.
Acá están. Ciento ochenta comentarios.
Mira. Este dice exactamente lo que pienso.
Éste también.
Éste... Bueno, éste está loco.
... Pero somos muchos.
Entonces ¿por qué tengo siempre la sensación de que somos pocos?
... No. No pocos. Impotentes.
Esa es la palabra. Muchos impotentes.
Suena todavía peor. .
.. Capaz que porque cada uno está en su casa. No sé.
O porque nos vemos acá pero no nos conocemos.
O porque el número engaña.
Mil comentarios parecen una multitud
y después... Después cada uno apaga la pantalla.
...
... Yo también.
... Ahí está otra vez.
Yo también.
... Es fácil decir «la gente».
La gente tendría que reaccionar.
La gente está dormida.
La gente permite cualquier cosa.
La gente se acostumbró.
La gente...
... ¿Quién es la gente?
... No. Ya sé.
No hace falta ponerse filosófico. Pero...
Yo estoy adentro de esa palabra. Qué desgracia.
... Cuando digo «la gente no hace nada»,
de alguna manera estoy hablando de mí.
No solamente de mí. Pero también de mí.
... Y no me gusta. ... Porque yo sí hago cosas.
No soy un indiferente.
Me preocupo. Leo. Busco. Discuto.
He tratado de convencer gente.
He...
... Sí. Todo eso es cierto. No tengo por qué negarlo.
Pero sigo dando vueltas alrededor de lo mismo.
¿Eso alcanza? ... ¿Alcanza para qué?
Esa es otra.
¿Para sentirme tranquilo? ¿Para decir que hice mi parte?
¿O para que cambie algo?
Porque no es la misma pregunta.
... Uf. ... No sé qué hacer. Y quizá ésa sea la verdad.
No sé qué hacer.
Mucho más honesto que «no se puede hacer nada».
No sé qué hacer.
... Eso cambia bastante.
... Porque si no sé, puedo pensar.
Puedo buscar. Puedo preguntar. Puedo... No sé.
Hablar con alguien.
¿Con quién?
... Podría...
No. Eso sería una locura.
... Aunque... No.
Después.
... También podría escribir algo, pero no acá.
¿Dónde? No sé.
Una carta. ¿A quién?
¿Una carta abierta? Por favor.
Otra carta abierta perdida entre quinientas cartas abiertas.
... Podría acercarme a... No. No sé.
¿Por qué estoy buscando ya una solución?
Capaz que no necesito resolverlo ahora.
... Eso también lo hago siempre.
Si no encuentro inmediatamente algo grande, útil, perfecto,
entonces concluyo que no hay nada para hacer.
Como si entre compartir una noticia y cambiar el mundo no hubiera nada.
Tiene que haber algo.
Obviamente tiene que haber algo.
... ¿Obviamente? Bueno. Quiero creer que sí.
... Y si no lo hay, habrá que inventarlo.
No «inventarlo»... Buscarlo.
Encontrar una manera. Mi manera.
... Qué solemne quedó eso. «Mi manera».
Parece publicidad de perfume.
... Pero sí. Algo así.
... No tiene por qué ser espectacular.
Ni siquiera tiene por qué verlo mucha gente.
Aunque, si quiero que algo cambie,
en algún momento tengo que llegar a otros.
Otros de verdad. No solamente perfiles.
Personas. ...
Y tampoco significa dejar esto.
¿Por qué dejarlo? Esto sirve.
Puede servir más, incluso.
Pero como parte de algo. No como final.
... Capaz que ése era el problema.
Yo estaba usando como punto de llegada
algo que podría ser un punto de partida.
... Bueno. Eso sí tiene sentido.
... Aunque mañana capaz que me levanto y pienso
que todo esto fue una tontería.
Puede ser.
... Mañana leo otra noticia.
Me enojo. Comparto. Y listo.
... Listo. Otra vez esa palabra.
... No. Eso sí que no.
No sé qué voy a hacer.
No sé con quién.
No sé cuándo.
Ni siquiera sé si será algo pequeño,
si tendrá alguna consecuencia
o si terminaré haciendo el ridículo.
Y seguramente voy a encontrar veinte razones para no hacerlo.
Ya conozco varias.
... Pero hay una cosa que ahora sí sé.
No quiero volver a confundir haber dicho algo
con haber hecho todo lo que podía hacer.
... No. Tampoco.
«Todo lo que podía hacer» es demasiado.
Uno nunca sabe todo lo que podía hacer.
... Déjalo más simple. ... No quiero que termine siempre acá.
Eso. ... No quiero que termine siempre acá.
......
La transcripción es tan solo de referencia, es el texto sobre la cual fue grabado el audio,
modificándolo espontáneamente al hacerlo: por eso no es fiel reflejo del contenido.