Boca del deseo
Huele a penumbra,
a cobre, sal y bestia.
Tus labios: grieta húmeda.
La sangre desaprende su cauce.
La boca es fosa.
El beso, despeñadero.
Tu lengua escarba la sombra
hasta dar con el nervio.
La piel cede.
El cuerpo entrega su frontera.
El tiempo cae
como una ropa gastada.
Tu aliento quema,
pide más sed,
abre la herida.
El deseo ya no tiene casa.
Los gemidos son golpes
contra la caja del pecho.
Tu sabor me deja
anclada a la noche.
Sin corona.
Sin nombre.
Sin más ley que el pulso.
La luz se vuelve herida.
El amor, hambre.
La carne olvida la cara,
pero la cicatriz
sabe dónde ardió el fuego.
Autora
© Nelly Cevallos-Liora
26 de agosto al año 2026