Bajar la guardia
Saben vacíos los abrazos.
Los labios dejaron de tener algo de ternura.
Las manos parecen lijar, ya no se siente la caricia.
Mi cuerpo es una figura extraña que desconozco,
y se han extraviado las ganas entre pasos cansados, en calles que tienen memoria.
He perdido tantas veces el aliento que cada respiro está costando más y más.
Ya no encuentro palabras de ánimo entre mis pensamientos,
y cada salivar duele.
Se va endureciendo el pecho y tiende a cimbrar con el golpe de cada rechazo,
con cada palabra que parece tener filo y se siente como puñalada.
Y yo sangro y cimbro.
Y aguanto y callo.
Y pierdo... y nunca, nunca siento que gano.
Ya no sé a qué echarle la culpa.
Ya no quiero apuntarme con la flecha de mi juicio.
Estoy harta de reprobar mis decisiones,
de reprocharme el hacer lo que deseo,
de ansiar y rozar la libertad... porque eso limita y me asfixia.
Y yo...
Yo solo quiero volver a sentir bonito.
Sentirme viva.