Quinteros Fabian

EL HOMBRE QUE APRENDE A CAMINAR EN SILENCIO

        EL HOMBRE QUE APRENDE A CAMINAR EN SILENCIO

 

  Hay caminos que no se conquistan de un solo paso, ni montañas que se mueven de un solo intento.

  El hombre que sueña con llegar lejos primero aprende a apartar las pequeñas piedras que encuentra bajo sus pies.

  La vida, aunque parece complicada, muchas veces somos nosotros quienes la hacemos difícil.

   Exigirse a uno mismo, sin esperar demasiado de los demás, es aprender que la verdadera fortaleza no está en lo que otros hagan por nosotros, sino en aquello que somos capaces de construir solos.

  Hay que mirar hacia atrás, no para vivir en el pasado, sino para entender nuestros errores, aprender de nuestras caídas y reconocer el camino que no queremos volver a recorrer.

  Porque quien comete un error y no lo corrige, no solamente vuelve a equivocarse:

         Se aleja un poco más de la persona que podría llegar a ser.

  El silencio también enseña, a veces es mejor callar que responder, observar que juzgar, y pensar antes de hablar.

   El silencio jamás necesita demostrar nada; simplemente permanece cuando las palabras de otros se las lleva el viento.

  Aprender sin pensar puede llenar la memoria, pero pensar sin aprender puede llenar el orgullo.

   El verdadero conocimiento nace cuando escuchamos, observamos, pensamos y finalmente nos animamos a hacer.

  Y si alguna vez nace en nosotros la venganza, detengamos el paso y pensemos:

           Antes de comenzar ese viaje, hay que recordar que el rencor puede destruir no solamente a quien queremos castigar, sino también a nosotros mismos.

   Por eso, vayamos donde vayamos, hagámoslo con el corazón entero, amemos de verdad.

   Trabajemos con pasión, luchemos por nuestros sueños, porque cuando uno encuentra aquello que ama, el esfuerzo deja de sentirse como una obligación y comienza a convertirse en propósito.

  No hagamos a los demás lo que no quisiéramos recibir, todos cargamos historias que desconocemos, batallas que nadie ve y heridas que no siempre sabemos explicar.

   El verdadero saber también consiste en reconocer cuánto desconocemos, aceptar que no tenemos todas las respuestas no nos hace débiles; nos hace humildes.

   Porque muchas veces nos contaron y olvidamos, vimos y comprendimos, pero fue cuando hicimos, cuando caímos, cuando volvimos a levantarnos, que realmente aprendimos.

   La vida no promete un camino sin piedras, promete, quizás, la oportunidad de aprender a caminar sobre ellas.

  Y así, paso a paso, sin presumir de lo que sabemos, sin vivir esperando de los demás, sin cargar eternamente con el pasado, podemos comenzar a mover nuestras propias montañas.

  Porque al final, la mayor conquista no es vencer al mundo, sino vencer aquello dentro de nosotros que alguna vez nos hizo creer que no podíamos seguir adelante.