Espantapájaros

Edredón de mármol

Maldecía su insomnio,

un dios envejecido

que olvidó cómo nombrarse.

 

El universo indigestado

se sirve un té,

a pesar de que el jueves

ya fue.

 

Nada tiene efecto:

ni la culpa,

ni la manzanilla,

ni la fe.

 

Oscila el filo

que separa los cardinales,

la flor en la solapa,

su inmadurez.

 

Quién pudiera verlo así,

herrumbrado y en su trauma,

como la cofia de un calvo.

 

¿Habrá pausa en su minuto,

o todo es compulsión?

Tal vez ignorar

sea otra forma de ver.

 

Un edredón de mármol

finge el calor

que no da.