Cada latido mío es un
ritual de iniciación,
se construyen primero los
obstáculos, después el héroe,
y el único mito es la
salvación.
Sé que no hay salida,
que me esperan laberintos,
que se jodan la verdad
y sus amigos,
porque en realidad persisto sólo
por la ilusión.
Uno cree que va aprendiendo
pero sólo olvida con alevosa
intención,
uno olvida sus amores malditos,
lo que le dicen a gritos,
y lo que era mejor.
Pero nada se queda a deber,
porque también uno intenta
en sus días de derrumbes,
nada se queda deber, porque a
veces aunque uno no tenga nada,
sigue dando.
Quizás mi vida estará llena
de encierros y bloqueos,
de obstáculos, dolor
y ritos para todo afrontar,
Quizás volveré al inicio,
pero lo que en realidad
quiero es no dejarme arrasar.