Tu mirada no me deja escapar,
como si tuviera cadenas de fuego
que no cualquiera puede desatar.
El calor que provocas
no es muy común,
y aunque seas ajena,
mi curiosidad crece aún más.
Debería huir de tu maquiavélica sonrisa,
esa que haría sentir celos
hasta a la misma Atenea
del palpitar que provocas en mi interior.
Pensamientos pecaminosos
que, si siquiera los dijera en voz alta,
harían que el cuarto rojo de Grey
pareciera demasiado pequeño.
Desborda el manantial de esta euforia
al imaginarte a mi lado,
porque quizá solo tus aguas
conseguirían calmar
este deseo que despiertas en mí.