Soneto erótico
Tu navaja soberbia y femenina
y el lirio virginal, furtiva estrella.
El pétalo mojado cuanto sella
su intención de sonido a nuestra ruina.
El profundo silencio que alucina.
La delicada culpa de la huella.
El tiempo derramado en la querella
de una región de encuentro que avecina.
Tu cuerpo contra mí. Vaivén sin acta.
Tigre y paloma a tu cintura intacta
igual a un chorro helado que escapa de la albura...
Complicidad desnuda y sometida
que nos entrega el fruto de la vida,
para caer, de vuelta, hacia la noche oscura.