Una frase no debe callarse
a la mitad, es un asesinato.
Que no se le tape la boca,
que se le deje decir su última palabra
—no sería bueno para los nervios—.
Una frase debe llegar a su punto y final,
es lo sano, que la energía que ya ha salido
no se quede en tierra de nadie, al aire;
porque de volver, buscando albergue,
volvería con la venganza de un búmeran.
Una frase, lo sano, es que acabe expresando
lo que vino a decir, que los puntos suspensivos
dejen espacio a lo que faltó.
Así un amor.