Busco tanto en mí de lo que muy seguro tengo
y no he perdido en un desliz,
o al menos eso yo me digo desde dentro
para poder algo sonreír, otra vez sentirme bello
por instinto juvenil, y hacer de ello una osadía
cada nuevo día aquí aunque apenas entre luz de fuera.
Busco mucho, sí, el hilo imperceptible
que me mueve un paso al fondo,
lejos siempre entre esta gente
de algún límite, girando sin retorno
en torbellino mi presente cuando escribo
lo que es claro y bien se siente como ruido.
Dejo de buscar de sobra las palabras
a pie del laberinto, de infinitos los probables,
alentando al mismo que yo soy,
inmerso en sombras que lo he visto
después del descontrol, único en el mundo
quizás que profundamente aún me conoce.
¿Quién buscará entonces su reflejo
en el vaivén de este oleaje
emocionado porque todo ya lo habrá soñado antes?