La vieron allí muerta,
ah, Marina, luz de alcoba,
impresión de sombras,
serena como un árbol
que mueve despacio
sus ramas
bajo un cielo cenizo
de otro invierno.
Se ha ido por sí misma,
hoy diciembre diecisiete,
tocando con sus cansados dedos
una hermosa varilla de cristal
reposando el pentobarbital,
claro como una luna llena.