No moriría sin ti, es verdad.
Pero moriría de mí,
y eso es aburrido,
por no decir onanista.
(Perdón, quise decir: solipsista).
No escatimo en ahorrarme dolores
y preocupaciones;
eso de la vida adulta
nunca se casó conmigo.
Pero algo tienes que no imagino
—o imagino que tienes sin saber qué es—
que me ha llevado a considerar
que la vida sin ti
seguiría siendo la única vida que conozco,
la única que sé.
Pero te conocí
y eso no tiene remedio.
Es que conozco algunas cosas, como todos,
pero nunca me he enamorado de una mesa
o de…
En fin, ya me delaté.
Ya dije que estoy enamorado.
Y eso, a cierta edad, empieza a sonar
un poco estúpido,
aun para este romántico recalcitrante.
Sé que existes
y me da por enterarme de que también existo:
no eres una mesa
y no soy una silla,
pero escribiendo esto siento envidia
de la relación que ocurre entre ellas.
Siéntate a comer.
Que boca tan boca tienes.
Que azules me saben las palabras.
Perdón. Ya dije que soy un romántico recal…
Un tarado, pues.
Yo no me muero por ti o sin ti,
pero me muero de todos modos.
Una hora, o la mitad,
de morir contigo es empezar a vivir.
Olvera, P. México, 25 de agosto de 2026