Antonio Portillo

La mentira de los calendarios

 

​Nos prometieron que los años embotarían el filo,

que el desgaste del cuerpo traería la tregua

y una distancia limpia para juzgar el daño.

Mentira piadosa de los almanaques.

​El tiempo no es un sabio que absuelve;

es solo un albañil ciego apilando horas,

un río turbio que arrastra ramas secas

sin enseñarte a respirar bajo el agua.

​Pasan las décadas. El miedo cambia de uniforme

y cava más hondo la misma trinchera.

Se acumulan los nombres, los tropiezos;

la piel ha crecido

alrededor de las cicatrices.

​Se envejece con el mismo grito atorado en la garganta,

con las manos cerradas sobre lo perdido,

con la barbilla en alto

y el vaso temblando entre los dedos.

​El reloj gasta los huesos, encorva la espalda,

pero deja la herida intacta, despierta.

​El albañil vuelve cada mañana

con otro ladrillo.

La pared gana altura,

la cal blanquea las grietas;

pero detrás del muro

la humedad conserva su mancha.

 

Antonio Portillo Spinola ©