Me encanta el descaro con el que me miras,
como si tu vergüenza te hubiera abandonado.
Pero me encanta mi conciencia diabólica,
esa que sabe que debería apartarse de tu mirada
y aun así sigue aquí, clavada,
como si estuviera esperando algo.
Sé que debería callar estos pensamientos,
pero aun así, los susurros de mi interior
dicen solamente lo que quiero escuchar.
Como si tu mirada traviesa
me invitara
a explorar el movimiento de tu piel.