Sus ojos son dos sueños verdes
que captura sobre el silencio
las cosas que a mí me condenan.
Convertido en un prisionero
la noche es un eco incesante.
Su imagen, líquido hecho sol
se va derramando en el frío
y sobre el trueno hace presencia
de su cuerpo; yegua indomable...
aquella tiniebla amorosa.
Sus labios muerte que enamora
y llena de tinta incendiada
convierte la noche en cenizas.
Tal vez ella sea una esfinge
que no puede expandir sus alas,
que deje morir el rescoldo
que ella despoje mis pasiones
y que mis antojos se llenen
de su espíritu y su divina
concepción ensoñada al verso.
Porque todo a mi alrededor
está que agoniza: la tarde
no me contempla por la pena
de mirar así, los secretos.
Aquí y en todo, es transparencia,
el vuelo convertido en canto.
Allí está Ornella desnuda; el
nacimiento es la misma forma
en qué Venus se presentó.
Todo el mundo se postró ante ella