Marshall rizo

Plegaria

Inútil constancia que desgasta el tiempo y me hunde en una frustración total, llena de tanta miseria.

 

Dime, diosa, ¿cuánto mal pude haber hecho para que en mi pecho se guarde tanto dolor y tanto despecho que, con una armonía inhumana, me hunde en una calma total que hace desear desaparecer y dejar salir mi alma?

 

Dime, diosa, ¿cuántos kilómetros hacen falta para que los pies dejen de doler y la calma se pose en un sitio más constante, para que el tumulto se detenga y la vida dé un salto agraciado y pacífico?

 

Dime, diosa, ¿cuánto más tengo que rezarte para que me concedas el alivio que mi alma exige, con llanto caído y ruina agobiante?

 

Dime, diosa, ¿por qué el sol ya no calienta los espacios de la alegría que apuntan a su brillosa oscuridad, esa que causan las nubes cuando bajo él se posan?

 

Dime, diosa, ¿por qué el dolor cobarde inunda mis pensamientos y provoca que pierda el aire cuando más necesito concentrarme?

 

¿Por qué carajos tengo que soportar el martirio de la constancia abstracta de saber que soy lo suficientemente inútil para consolar las preocupaciones y necesidades de aquella mujer que dio todo por mí?

 

Dime, diosa, ¿por qué, si te rezo, no me escuchas? Si te creé para sustituir al dios ciego que la gente grita para pedir alivio, aunque reciben dolores a cambio de tanto martirio.

 

Dime, diosa, ¿por qué no me hablas si te pido a gritos consuelo? Si te ofrezco mi alma y te regalo mi anhelo, dime por qué sigue costándome gritarte, sabiendo que no responderás y solo quedaré como un pendejo.

 

Dime, ¿por qué aún duele verme en el espejo? ¿Por qué aún pesa mirar atrás y darme cuenta de que todo fue un espejismo?

 

Que nunca fui feliz, que solo inventé el sentir para creer que no dolía el abandono.

 

Dime, diosa que no te escucho, ¿por qué sigo rezando por tu ayuda si solo me das más soledad a cambio de un gran capricho...?