De flores ha nevado en los almendros;
un tapiz de cuentas rosadas cubrió los árboles desnudos:
heraldo luminoso
de la impaciente primavera.
La vida, de sí misma olvidada,
se despereza:
osados brotes, miedosas ramas.
Ojos nuevos se abren a la luz,
tiernas bocas gritan o cantan;
la tierra en sinfonía se levanta.
Viví ya tantas primaveras;
la última, siempre la primera