Creo que yo fui raíz
y me quedé bajo la tierra,
escuchando cómo el agua
le daba vida a la piedra.
No conocí los caminos,
ni pregunté por el viento;
pero sentí que en mis venas
crecía lento el tiempo.
Bebí la sombra del monte,
la sal dormida del suelo,
y escuché bajo la noche
las viejas voces del pueblo.
Arriba, pasaban nubes,
cantaban pájaros lejos;
yo sostenía en silencio
la memoria de los viejos.
Después rompí la corteza
y fui buscando la altura;
mis raíces me enseñaron
que crecer también es hondura.
Ser raíz no fue un día:
fue una vida verdadera.
Fui tierra, memoria y savia,
y volví a ver la primavera.
Emiliodr/Agosto 24/26